Las hijas y los hijos… ¡comienzan el instituto!
Empezar el instituto o la escuela en septiembre siempre es un momento cargado de nervios y emociones. Este año, esta etapa supone hacer frente a un factor más: la gestión de la Covid19 los centros educativos. Sin embargo, no debemos olvidar que, aparte de cómo se pueda resolver la incidencia del virus en las aulas, el inicio del instituto es siempre una etapa muy importante en la vida de nuestros hijos e hijas, más allá de la pandemia.
Este otoño, además, será un poco diferente porque muchos niños y niñas habrán pasado a ser hombres y mujeres durante el confinamiento y el cambio de etapa lo harán después de mucho tiempo de no haber ido presencialmente en la escuela.
¿Cómo viven este momento los jóvenes que empiezan el instituto? ¿Cómo es, generalmente, este cambio de etapa para las familias?
Ser padre o madre es un reto que nos ofrece la vida, y algunos y algunas de nosotras queremos vivirlo y disfrutarlo. Sin embargo, hay momentos en que este reto puede parecer más osado porque hay etapas en que acompañarlos en el proceso de crecimiento se convierte en una montaña rusa de emociones y sensaciones.
El manual de cómo acompañar a los hijos e hijas durante la adolescencia es muy personal. Sin embargo, el mercado editorial nos ofrece muchos libros que pueden regalarnos una agradable lectura y nos pueden orientar sobre cómo hacer este proceso. Todo ello teniendo muy presente que cada familia y cada joven tiene sus peculiaridades, y dependerá de cada uno de nosotros utilizar unas herramientas y recursos u otros.
Si lo miramos con perspectiva, empezar el instituto significa dejar atrás la niñez para ceder el lugar a la preadolescencia y la adolescencia pero, si nos acercamos, observaremos que el ritmo de crecimiento de cada chico y chica es diferente como también lo son sus inquietudes.
Si los adultos hacemos un poco de memoria y recordamos cómo vivimos este momento será más fácil sentirnos más cerca de ellos y ellas, y el proceso nos resultará más agradable a todos.
Puestos a hacer memoria, vamos a ver qué es lo que caracteriza esta etapa a rasgos generales:
- La adolescencia comienza, aproximadamente, entre los 12-13 años.
- Físicamente, el cuerpo sufre cambios importantes y, intelectualmente, el joven puede razonar sus argumentaciones basándose en el pensamiento formal como si fuera un científico.
- A nivel de personalidad y afecto, busca la propia identidad, necesita autoafirmarse y es muy crítico.
- Psicológicamente, se sienten inseguros con los propios cambios, se preocupan mucho por la imagen, se muestran rebeldes hacia los adultos y cada vez dan más importancia al grupo de amigos y amigas.
- Todo ello bien acompañado de una necesidad muy grande de intimidad y cambios emocionales inesperados que hacen que la respuesta hacia el adulto sea brusca y que el joven necesite tiempo y espacio para encontrarse a sí mismo.
Esta etapa es toda una aventura por los y las jóvenes y al mismo tiempo lo es para las familias. Por eso, para algunos padres y madres la llegada al instituto de un hijo o hija es un momento que se les hace una montaña porque es nuevo e incierto, lo que los puede llevar a sentir:
- La necesidad de tener herramientas para estar comunicados y comunicadas constantemente con los menores.
- La aceptación de que los niños o jóvenes tomen las propias decisiones y tengan iniciativa.
- La responsabilidad de que su “joven” pueda hacerse la comida solo o sola en casa.
- La falta de conocimiento de todo lo que rodea el adolescente de hoy o bien el olvido de la propia adolescencia, y lo que vivieron y sintieron.
- El querer ser amigos o amigas de sus hijos o hijas sin tener en cuenta que son muy importantes como padres y madres y hay que jueguen este rol, aunque se trabaje la confianza dentro del núcleo familiar. Una cosa no quita la otra.
- La obligación de acompañar académicamente a los hijos supervisando todo lo que deben hacer y hacen sin darse cuenta de que la responsabilidad de los deberes y los estudios es del joven y, por tanto, este debe ir adquiriendo su propia supervisión.
- La necesidad de estar en casa cuando el joven vuelve del instituto para asegurarse de que está bien. También deben estar allí cuando éste se marcha de casa para poder supervisarle y recordarle todo lo que tiene que coger.
- Algunos padres y madres, incluso, los primeros días de instituto necesitan seguirlos un tramo del camino, desde la distancia y hacer fotos del recorrido para compartirlas entre los padres y las madres, para asegurarse que han hecho bien el camino solos y solas hacia el instituto.
Todo ello no debería ser tan grave si nos detenemos a pensar en todo lo que les hemos transmitido a nuestros hijos e hijas y como lo hemos hecho, mientras iban creciendo. Ya hemos dicho muchas veces que la educación es un proceso que comienza así que los niños son muy pequeños. Vamos a analizar que hemos trabajado durante la infancia de nuestros hijos e hijas para ver que la llegada al instituto sólo suma:
- AUTONOMÍA: Cada vez que los hemos dejado hacer la cama, vestirse solos, elegir la ropa y adquirir hábitos de higiene y rutinas respetando el tiempo necesario de cada uno sin adelantarnos los adultos a hacerles el trabajo.
- RESPONSABILIDAD: Cuando los hemos hecho hacer pequeños encargos, adaptados a la edad, como por ejemplo bajar la basura o ir a buscar el pan, sacar el perro e ir al mercado a buscar el pedido o, incluso, haciendo tareas domésticas como barrer , cargar el lavavajillas y quitar el polvo.
- CONFIANZA: Cuando hemos creado y compartido ratos de conversación escuchando sus aventuras y explicándoles nuestras experiencias e inquietudes; ya fuera mientras explicábamos un cuento o compartíamos una sobremesa.
- PROPIA PERSONALIDAD: Cuando hemos compartido las decisiones a la hora de elegir la ropa de vestir y hemos creado los espacios de trabajo y de juego juntos, mientras escuchábamos las propuestas de unos y otros respetando, en la medida de lo posible, el espacio vital de cada uno de nosotros.
- GESTIÓN DEL PROPIO TIEMPO: Cuando les hemos ofrecido ratos sin actividades dirigidas y nos han dicho que se aburrían y nosotros los hemos hecho propuestas y ellos y ellas han podido decidir qué hacer y cómo hacerlo buscando recursos y organizándose el tiempo de creación.
- RESPETAR EL ESPACIO VITAL DE CADA UNO: Cuando les hemos pedido momentos puntuales para poder respirar y hacer lo que nos gusta solos, o bien acompañados, como leer, escuchar música, pasear, tocar un instrumento y, al mismo tiempo, los hemos explicado lo importante tener tiempo para estar solo para poder pensar o, sencillamente, no hacer nada. Todo el mundo necesita ratos para compartir con los demás y ratos para encontrarse a uno mismo.
- HÁBITOS SALUDABLES: Cuando hemos hecho actividad física con ellos y ellas, y nos lo hemos pasado bien, o hemos preparado las comidas conjuntamente intentando que la dieta fuera equilibrada, variada y suficiente. También hemos trabajado hábitos saludables cada vez que los hemos hecho acostarse temprano porque al día siguiente había que madrugar para ir a la escuela, hacer deporte o visitas culturales y les decíamos que era imprescindible mantener unas horas de sueño para poder estar bien.
- TECNOLOGÍA: Cuando hemos estado a su lado mientras jugaban con una plataforma digital, se iniciaban en el uso del ordenador para trabajar o nos pedían un móvil y nosotros les explicábamos los pros y los contras de cada herramienta, intentando hacerles entender cómo debe ser el uso responsable del recurso.
Como hemos podido ver, durante muchos años hemos estado creando ese vínculo afectivo que será la base de nuestra relación con nuestros hijos e hijas. Un vínculo muy fuerte durante los primeros años de vida de los niños que ahora nos pide ser flexibles y dejarles hacer.
Los fundamentos de esta gran estructura que es la familia los hemos ido construyendo con las pequeñas acciones de nuestro día a día, cuidando la relación con nuestros niños para que cuando llegara la adolescencia fuera una nueva etapa de construcción y crecimiento personal para todos y todas.
La adolescencia es, pues, otra etapa para vivir cargada de retos que tendremos que afrontar. Los jóvenes tendrán que experimentar en primera persona porque son las y los protagonistas, y los padres y madres estaremos a su lado, y en un segundo término, para intervenir siempre que lo necesiten o nos lo pidan.
Docente de cursos de ocio de la Fundació Pere Tarrés
