Educación y escuela: ¿qué espacios y qué tiempos?

Entrevista a David Vilalta en el marco de la su intervención en la formación “¿Qué espacios y qué tiempos?” de la 54a Escuela de Verano de Rosa Sensat.
¿Crees que está anticuado el actual sistema de educación?
A mí me gustaría que fuera de otra manera. También sé que hay fuerzas, mucha gente implicada para que el sistema cambie. Hay un tema desde un análisis más político, y es que hace falta que haya unos presupuestos que viertan más dinero a la educación, y yo siempre hablo o me gusta más decir “que esté muy bien dotada la educación pública “. Ahora, también es cierto que los movimientos de renovación pedagógica siempre han existido y seguirán existiendo, un ejemplo es esta Escuela de Verano. Tuvimos una época en que parecía que había como una especie de tranquilidad en la base en la que parecía que no pasara nada, pero en aquella época yo recuerdo colaborar en los movimientos, coordinando las escuelas de nueva creación que eran auténticas bombas de relojería de la innovación. Creo que queda un camino largo para hacer, soy optimista porque veo que a la conselleria hay técnicos, gente y políticos dispuestos a hacer cosas para mejorar, pero tenemos un problema político al que se le llama financiación.
¿Cuál sería tu modelo ideal?
Para mí la escuela cumple una función social primordial. Me gusta citar a Hannah Arendt con ello, es una institución que tiene la sociedad para acoger a los recién llegados, que sería el alumnado. Acoger a los recién llegados es, por un lado, que la escuela sea inclusiva (y eso quiere decir muchas cosas) pero a la vez ser inclusivo no quiere decir que como escuela no hagas un cierto feedback y te tensiones con el recién llegado. Porque al mismo tiempo tú también tienes una misión o función social que es la de transmitir valores, conocimiento, cultura, etc. Por lo tanto, yo siempre me imagino una escuela donde cada una de las personas cuentan y quieren hacer lo que están haciendo y, al mismo tiempo, la escuela les abre las expectativas y posibilidades que ellos por sí solos no las verían. Esto significa que se debe repensar mucho la formación tan inicial como permanente del profesorado.
¿Qué quiere decir una escuela inclusiva?
Para mí una escuela significa que los maestros estamos preparados para poder entender la coherencia del pensamiento y las acciones de cada uno de nuestros alumnos, sabiendo que estas acciones y manera de ver el mundo nos cuestionan a nosotros como profesores y como institución, y ser capaz de sacar de algo de provecho. Quiero decir, que puedas ver dónde están las ideas de todos y cada uno de los alumnos que forman parte de aquella aula.
¿Y crees que encontramos esta relación tan cercana entre profesor y alumno?
Estadísticamente no te lo puedo contestar, sé que por tema de percepción (por los maestros con los que hablo y escuelas que visito) te podría decir que cada vez pasa más. Yo, por ejemplo, tengo un limpio que está haciendo primero de bachillerato en un instituto de Barcelona y estoy encantado de cómo el profesorado de aquel instituto trabajan con los alumnos. También hay ejemplos de escuelas de primaria.
¿Crees que se tendría que aprovechar más la curiosidad que tienen los niños y niñas como aprendizaje?
Sí, pero no me quedaría sólo con la curiosidad. Hace muchos años, cuando yo era un maestro novel, hice un taller en una escuela de verano que se llamaba ‘De la curiosidad a la Investigación’. La curiosidad es algo pasajero y, a veces, superfluo. Un handicap está en cómo convertimos esta curiosidad en deseo de aprender y de estudio, y el otro sería decir “Yo soy una persona con unas curiosidades, pero estoy en un grupo de 27,25, 30, 35 … Como son capaces de generar unos propósitos colectivos a partir de nuestras curiosidades, y el rol que tenemos que jugar el profesorado para que esto sea posible. Y yo creo que eso, tanto desde el punto de vista de mis curiosidades y de los conocimientos que puedo aprender, como desde el punto de vida de educación para la democracia que supone poder compartir y ponerte de acuerdo con otra gente para hacer un reto, un proyecto, conseguir algún tipo… esto es brutal.
¿Y qué opinas de la exploración como método de aprendizaje?
A mí me gusta hablar también de indagación. Para mí aprender tiene que ver con revisar lo que ya sabes, por un lado, y también a emitir ideas que a ti te despierta la observación de la realidad. A veces no es observar la realidad porque lo que quieres es escribir una novela o hacer un vídeo, pero te das cuenta que cuando intentas hacer alguna de estas cosas te aparecen muchas necesidades para hacerlo, y eso te obliga a indagar. Y aquí en medio siempre están las indagaciones con otros. Pero no es explorar para explorar, sino explorar con una intencionalidad. Cuando hay una intencionalidad todo cambia. Pero claro, si la intencionalidad es sacar un notable es algo a si la intencionalidad es “quiero hacer ese producto para que lo cuento a los padres o lo llevaremos a un concurso de”. Hay otra cosa, como la escuela también es capaz de abrir mi campo de intereses y de hacerme venir deseo para hacer otras explicaciones que quizá ni se me pasaban por la cabeza. Esto, el deseo por entender y aprender, a veces se traspasa por los poros, es decir, con un profesorado bien preparados y empáticos que generen ilusiones, más que por el lenguaje.
¿Por qué cuesta más ver este tipo de métodos en etapas superiores?
Creo que aquí tenemos un problema de diseño de sistema educativo. Ya sé que aquí hay mucha controversia, hay determinados niveles educativos, por ejemplo Bachillerato, que se sienten presionados para que los alumnos aprueben selectividad. Cuando tu objetivo ya no es el aprendizaje sino aprobar la selectividad, las cosas van cambiando. Recientemente hemos tenido el caso de los alumnos que han sacado más nota cuando el equipo directivo del instituto decían que las innovaciones eran un humo. Claro, pero por otro lado ves que las necesidades que tiene la sociedad te piden gente con más capacidad de resolver problemas con la creatividad, que piden más interacciones con los demás, que piden estar abiertos para repensar lo que estás acostumbrado a hacer porque sino no sales adelante… Cada vez hay más institutos que se preocupan por esta manera de enseñar.
¿Crees que el profesorado debería ofrecer espacios fuera del aula?
La respuesta sería sí, pero yo cuando hablamos de aula me gusta más imaginarme un grupo de alumnos que tienes tu cargo, si trabajas en equipo mejor, y es como una pequeña sociedad que en la que tienes el encargo para que esta pequeña sociedad se desarrolle de una forma profunda y potente. Esto quiere decir como haces vivir a los niños y las niñas procesos de aprendizaje auténticos y, por tanto, que los hagan saber cosas concretas que les permitan tomar decisiones para ir por el mundo. Y al decir cosas concretas me refiero, por ejemplo, a leer literatura o ser un buen calculador, cosas de este estilo. También ha poder entender al otro. Y que estén vinculadas a la realidad. Si haces que uno de los leitmotiv de lo que pase en estos grupos de alumnos esté vinculados a la realidad, la escuela o el aula ya no son 4 paredes sino que es el mundo, es la vida. Por ejemplo, hace ya varios años con mis alumnos raíz de unos debates que tuvimos terminamos haciendo una maqueta de una plaza que teníamos delante de la escuela. Claro, pasamos muchas horas en la plaza, más que en el aula.
¿Cómo dibujarías tu espacio ideal?
Cuando era estudiante de magisterio me imaginaba que mi aula sería una carro y que rondaríem por varias poblaciones y volveríamos. Son imágenes de estas de estudiante de magisterio, ahora ya estoy jubilado, imagínate si hace años de eso. Para mí el espacio debe ser un espacio construido por la gente que la habita, por lo tanto, los alumnos y los maestros. Un espacio libre de opresiones, violencias y que permita e incentive la generación de ideas, el debate, la reflexión. Es un espacio que tiene cuatro paredes, porque necesitamos estar a veces recogidos, pero también es un espacio que no tiene ninguna pared porque podemos salir fuera a vivir experiencias y recoger cosas.
¿Crees que se parecería, en algún punto, al que dibujarían tus alumnos?
Hombre, a mí me gustaría que sí. Incluso le dije a un alumno de los que yo tenía, que ahora ya son grandes con carrera universitaria y todo: “¿Por qué no vienes el lunes que hago esto?” Y justamente había ido de viaje, sino hubiéramos podido ver esto. A mí me da la sensación de que bastantes alumnos de los que vivieron en ese periodo… yo quisiera creer que sí, que coincidiríamos en esto. Bueno, coincidir, la idea sería si tienen algún recuerdo de cómo vivieron ellos el espacio y yo creo que ellos vivieron un espacio de libertad.
¿Deberíamos cambiar la concepción del tiempo en el aula?
Totalmente. El tiempo no es algo exterior a nosotros pero a la vez sí es verdad que tiene una parte social para que te puedas sincronizar con los demás. Pero, por ejemplo, si el tiempo es compartimentar conocimientos, si el tiempo es compartimentar personas, si el tiempo es dejar de hacer cosas porque no tendremos tiempo para hacerlas, yo creo que sí necesitamos una revisión profunda. Básicamente el tiempo, aparte de este tema de sincronización que nos permite trabajar socialmente, es también una construcción social y personal. Y, por tanto, que tardamos más o menos tiempo o que aprendamos a utilizar más o menos tiempo para hacer una determinada cosa primera, es algo que se debería aprender por parte del alumnado. Yo huí siempre de compartimentar las áreas de conocimiento, lo típico de los horarios. En primaria a mí eso me era más fácil hacerlo, en secundaria sé que es más difícil, hay institutos que ya lo están haciendo y tiene que ver con las renovaciones que se han de hacer.

