gtag('config', 'AW-1000876650');
Tiendas

El papel de los abuelos en la educación de los niños

El papel de los abuelos en la educación de los niñosAbuelos y nietos tenemos vidas vinculadas, relacionadas pero independientes. Cuanto más rica sea nuestra vida, más rica será la relación con los nietos. La conciliación familiar y laboral se hace difícil. Debemos enfocar la demanda a la sociedad con redes y políticas de apoyo a las familias. Las abuelas y los abuelos, con nuestras historias, valores, hábitos, somos una ventana a la herencia cultural. Aportamos orígenes, pasado, para reinterpretar en el presente de los niños. En tiempos de prisas y desconfianza, las abuelas y los abuelos podemos aportar calma y testimonio. Como maestros valoremos a los abuelos, con amabilidad, reconociéndolos, reconociéndolas.

Ser abuela lo puedes desear, pero es una circunstancia que no depende de una misma. Este hecho lo determina casi todo. Los nietos no son tuyos, es evidente. Bien pensado, los hijos tampoco son tuyos, pero de eso te das cuenta más tarde, a medida que crecen y comienzan a tomar sus propias decisiones. Pero con los nietos te das cuenta desde el principio. No controles nada. Nacimiento de mi nieta: nos lo comunica nuestro hijo por teléfono, esperábamos la llamada impacientes. «¿Estás bien?, ¿cuándo quieres que vengamos?» «Mejor mañana, hoy vendrán los otros abuelos y sólo queremos una visita al día.» «Lo entendemos, descansad, hasta mañana.» Nacimiento de mi nieto, a 3.000 km de casa, me entero por la llamada de mi hija.

Aún no sabía que esto sería la tónica de una relación a distancia: teléfonos, Skype, Whatsapp… y viajes. Al nieto lo conocería unas semanas después, cuando pude tomarme unos días para viajar a Suecia. Esta situación física, vivida al inicio como un hándicap, como un hecho no deseable, ha sido una ayuda para entender que hay un “ellos” y un “nosotros”. Ellos son hijo-pareja-nieto y nosotros somos los abuelos. Vidas ligadas pero independientes, ligadas por afectos, por valores, por experiencias compartidas pero independientes. Cada uno, responsable de la propia vida. Apoyo mutuo, sí; dependencias no, o las mínimas. Tanto para los niños como para los abuelos. Me explico: los abuelos, además de ancianos, somos personas completas con trabajo o no, con amigos, hobbies, compromisos sociales…, y cuanto más completa sea nuestra vida más rica será la relación con los nietos.

El papel de los abuelos en la educación de los niñosLos abuelos no somos los padres, no somos el canguro, no somos el taxista, no somos la cocinera. Somos apoyo, somos afecto, somos referencia, somos refugio… Hay que respetar para que nos respeten. La tentación es grande, a medida que crece el vínculo, y crece mucho y rápidamente, engancha. Yo como abuela sentí el impulso, el deseo de estar allí tanto como pudiera. Con los hijos ya pasa, la naturaleza es sabia, los niños propios te seducen de manera natural para asegurarse la supervivencia. En el caso de los nietos (dejamos el tema hijos para otro día) hay que resistirse a la tentación, medirse, contenerse por ti misma, por tu hija o por tu hijo, por tu yerno o por tu nuera y por los niños.

Los nietos tienen padre y madre, los cuidan bien, tan bien como saben, que significa bien, ¡muy bien! Si los padres necesitan algo, ya te lo dirán. Y aquí empieza otra cuestión: la disponibilidad. Por mi experiencia, y la de mis amigas abuelas, veo que el margen de disponibilidad es grande, muy grande. Cuesta decir que no, lo decimos poco, casi nunca. Y aquí empieza el problema, el dilema.

¿Qué valor tiene mi vida? La lectura, el paseo, la siesta que me recomienda la reumatóloga… El trabajo es la única actividad que no se negocia. El resto pasa, si no te lo propones, a segundo plano, y sin darte cuenta vas haciendo renuncias y no puedes evitar sentirte utilizada, pero es que no nos valoramos lo suficiente. Los abuelos hombres lo hacen, pero de otro modo. Saben proteger su espacio. Tenemos que aprender. Está claro que este aprendizaje, si no lo hemos iniciado antes, costará mucho hacerlo ahora como abuela. La tentación es irresistible, viene de los dos amores más grandes, incondicionales: ayudas a la hija o el hijo y cuidas del nieto o de la nieta. Pero el mayor amor debe ser por una misma y luego regalarte completa, feliz, plena.

Quizá haga de taxista, de cocinera, de canguro…, un rato, unos días, pero es circunstancial, no es la norma. Entonces el cuento será explicado con pasión, con ilusión. Pintar con los pies en la cocina será una fiesta. Hacer burbujas en el pasillo será mágico. E ir a la playa en octubre, hacer castillos y bañarme, un regalo que me hace vivir experiencias que sin nietos no haría.

El papel de los abuelos en la educación de los niñosLos nietos nos pueden llenar, terminar de llenar la vida, con su vitalidad y alegría. Pero el cuidado de los nietos también nos puede llevar al agotamiento. En mi trabajo como maestra me he cansado de ver abuelos, principalmente abuelas, que se hacen cargo diariamente de los nietos. No protestan, pero se las ve agotadas, a veces sobrepasadas por la tarea, por la actitud del nieto caprichoso, a veces déspota… Es una relación con sufrimiento y crispación. Con los abuelos ocasionales es más fácil provocar alegría, sorpresa, ilusión… Se hace necesario encontrar un equilibrio.

A la abuela circunstancial le hace ilusión ir a buscar la nieta a la escuela -un día a la semana- y a la nieta le hace ilusión ver a la abuela, porque es la excepción a la norma, porque rompe la rutina, porque con la abuela hace otras cosas, habla de otras cosas, en casa de los abuelos se come diferente, se hacen excepciones. Los abuelos no corren tanto, su tiempo es más de los niños y para los niños. Aportamos calma. A los abuelos circunstanciales los esperan con ilusión, hijos y nietos, porque son dos o cuatro brazos más, porque cuando hay hermanos la nieta vuelve a ser única en el regazo de la abuela, o en el patio cosechando nuevos y plantando semillas. Y a veces los abuelos ponen límites que los padres no ponen o al revés, y los niños tienen la oportunidad de darse cuenta de que hay maneras de hacer diferentes, se adaptan porque tienen sentido, porque se quieren y se respetan. Y así, poco a poco, van, vamos aprendiendo a vivir y convivir.

Las familias necesitan ayuda para atender a los hijos, los horarios laborales son bastante irracionales y la conciliación se hace difícil. A veces se pide que la escuela lo resuelva (servicio buenos días, comedor, extraescolar…). Se protesta por los festivos sólo escolares, porque no saben qué hacer con los niños… Si hay abuelos cerca, son a menudo la solución. Cada familia lo hace como puede, pero, una vez resuelto el problema urgente, habría que enfocar bien la demanda en la sociedad (administración, empresas, sindicatos…): flexibilidad en los horarios laborales, políticas de apoyo a la familia, servicio de tiempo libre en las escuelas cubierto por profesionales del tiempo libre vinculados a la escuela, canguros, redes de apoyo, vecindad… Para educar a un niño hace falta toda la tribu, ¡una buena tribu!

El papel de los abuelos en la educación de los niñosCoincidió la redacción del artículo con la asistencia a la conferencia del antropólogo Lluís Duch “La banalización de la palabra”, en el Centro Cultural La Mercè de Girona. Comentaba que los seres humanos somos herederos. Transportamos una serie de herencias que debemos contextualizar en el presente y el discernimiento debe saber qué mantener y qué descartar.

Los abuelos, con nuestras historias, valores, hábitos, somos una ventana a esta herencia. Aportamos orígenes, pasado, para reinterpretar en el presente de los niños. Somos anclaje para lanzarse al mundo. Podemos aportar criterios para ponderar, sopesar, lo que vale.

Duch cita al sociólogo Alfred Schütz cuando nos dice que se ha roto el mundo dado por garantizado -lo indiscutible-, el lugar donde sustentábamos nuestro hacer. Ahora vivimos en una permanente provisionalidad, un mundo dominado por la velocidad y la incertidumbre. Los abuelos podemos ser este «mundo dado por garantizado», este norte desde donde lanzarse a explorar.

Lluís Duch, para terminar y tratar de ser esperanzador, propone que, ante la provisionalidad y la desconfianza, ejercemos nuestra función como ciudadanos: recuperar el sosiego y recuperar la confianza mediante el testimonio. Sosiego y testimonio, qué propuestas tan adecuadas al papel de los abuelos. Calma y confianza desde el afecto sincero.

Como maestros, valoremos a los abuelos cada día, con amabilidad, con una sonrisa. Invitamos a pasar a los espacios donde sus nietos pasan el día. Es necesario que reconozcamos tanto su función como todo su saber.


Rosa Guàrdia
Maestra de educación infantil, formadora de Competencias Sociales y abuela feliz de Nil, Max, Amelia, Ian y Aixa
Artículo publicado en la revista In-fan-ci-a 223
Rosa Sensat


4.2 (84%) 5 voto(s)

Deja un comentario